Tu sufrimiento es opcional

Vivir bien no significa evitar el sufrimiento, significa aceptarlo, aceptar que si bien el dolor resulta inevitable tu sufrimiento crónico es opcional. Todos sufrimos, todos lo pasamos mal… de hecho, la saturación de sufrimiento es la que nos hace cambiar. Y ya sabemos que cambiar es necesario para aprender, mejorar y evolucionar. Es por eso que crecer duele, motivo por el cual poca gente se atreve, resulta mucho más cómodo quedarte tal y como estás, en ese estado conformista en el que “ni fú ni fá” (traducido: todo sigue igual). Hasta que… crash! Llega esa gran crisis inesperada que te hace reflexionar.

 

Tu cerebro crea lo que cree

Tu cerebro no distingue entre lo que piensas y la realidad, eso significa que tus pensamientos tienen el mismo peso neurológico que lo que te pasa de verdad. Como tenemos pensamientos dañinos y pensamos cosas feas, entregamos información negativa a nuestro cerebro, viviendo estresados, en un estado permanente de miedo y negatividad, constantemente (pre)ocupados por amenazas imaginarias que no son otra cosa que manifestaciones de tus propias batallas (bloqueos, frenos, creencias limitantes, automatismos, traumas infantiles, conflictos internos, emociones reprimidas, vivencias negativas, etc.). 

Quien “no sufre” se autoengaña, escondiendo su malestar entre capas y capas de soberbia y falsa autoestima, orgullo y vanidad.

Y todo eso para camuflar sus heridas y sus dramas. En realidad, vivimos maquillando nuestra realidad porque realmente no la aceptamos, porque no nos aceptamos. Hay situaciones que no podemos cambiar, circunstancias que no dependen de nosotros. La falta de aceptación termina convirtiendo tu tristeza en enfado, tu frustración en arrogancia y tu falta de claridad en victimismo. Entre el victimismo y el autoritarismo solo hay una diferencia: un victimista se daña mientras que una persona autoritaria hiere a los demás, hiriéndose a sí misma. El resultado siempre es nefasto: infelicidad, falta de bienestar, un cerebro enfermo y una experiencia de vida dolorosa.

 

Cambia tu foco de atención

El objetivo es darle la vuelta a todo esto para convertir esas tormentas mentales y tsunamis emocionales en autocontrol, calma mental y paz interior, lo cual se consigue recuperando tu foco de atención.

Tenemos que cultivar estados positivos de la mente, sentimientos edificantes y hábitos constructivos que estén alineados con la vida que realmente queremos vivir.

Se trata de dominar tu cerebro, entrenarlo, auto-observarte con cariño cambiando tu diálogo interno, cultivar nuevos pensamientos voluntarios y conscientes, sembrando nuevas condiciones mentales, no emitir juicios de valor, tomarte la vida con neutralidad, sin tanto drama, dejando de quejarte por todo, dejando de eludir tu (auto)responsabilidad para crear una nueva experiencia de vida más alineada con esa vida que anhelas.

Cuando lo haces, cuando te observas, tu biología cambia, tu sangre se vuelve menos ácida, tus niveles de cortisol disminuyen, tu amígdala se relaja, tu estrés baja, tu vitalidad aumenta y empiezas a sentir relajación existencial.

Está demostrado que el simple hecho de mirar hacia adentro (observarte) neutraliza las redes neuronales negativas construyendo nuevos programas mentales más positivos y placenteros. Tener una vida (interior) sosegada te da tranquilidad, claridad, confianza, autoestima, creatividad y productividad, empiezas a rendir mejor. Te invade la gratitud.

Controlar tu atención es controlar tu estrés, si no sabes por dónde empezar empieza por controlar tu respiración

De ahí la importancia de meditar (practicar el silencio, pasar tiempo contigo). Trabaja en tu volición. Y busca tu propia coherencia vital. Recuerda que pasarlo mal es inexorable y que la incomodidad en pequeñas dosis te hace avanzar, pero que tu sufrimiento sostenido en el tiempo nunca debe ser un estado permanente sino más bien una opción marginal que cada cual debe elegir con conciencia y libertad.

Leave a Comment.

© Todos los derechos reservados. Web creada por HUMANS.