Autoconocimiento, un viaje hacia la libertad

El primer paso para conocerte es querer conocerte. El segundo paso: tomar la decisión de hacerlo.

Y para ello necesitas un espejo, un lugar donde mirarte, para reconocer todos tus defectos, tus valores, tus cualidades, tus miedos, tus creencias (auto)limitantes, tus aspiraciones, tus bloqueos, tus motivaciones, tus frenos. Ese espejo puede ser la propia realidad en la que te mueves, tu pareja, tu mentor, tu profesor, un libro, tu mejor amigo o tu negocio.

No hay mejor herramienta de autoconocimiento que aquello que te hace sentir incómodo (experiencias y personas).

El viaje hacia la libertad es un viaje al centro de ti mismo, puedes decidir hacerlo solo o acompañado, pero el viaje lo haces tú y de quien te liberas es de ti para conseguir antes que nada bienestar mental, emocional y espiritual. Ya sabes: bienestar es “estar bien”. Esa fue mi razón profunda para cambiar, para iniciarme en este maravilloso proceso del autoconocimiento. ¿Cuál es o cuál fue la tuya?

Un viaje hacia la libertad

Si estás aquí, muy probablemente sea porque no te sientes libre, entendiendo por libertad aquella facultad que nos permite elegir y tomar nuestras propias decisiones para hacer lo que realmente deseamos. Bajo esta premisa, un porcentaje muy pequeño de la sociedad global es libre. Si no sabes quién eres, no puedes hacer lo que deseas porque en realidad no sabes lo que deseas, eso impide que puedas tomar elecciones y decisiones responsables, conscientes y plenas. Yo lo asemejo mucho con la coherencia vital, esa cualidad que consiste en alinear 3 cosas: ser + hacer + tener.

Decorar la jaula no te hace libre. Cuando eres coherente, es cuando conquistas tu libertad.

Es cierto que (se presupone que) biológicamente nacemos libres y que la libertad se entiende como un rasgo esencial de la naturaleza humana, pero desde antes incluso de nacer ya estamos predispuestos y tremendamente condicionados por nuestro entorno social, cultural y familiar. El contexto, tu realidad te da las herramientas con las que tú mismo te construyes tu propia jaula.

Llevas tanto tiempo viviendo en tu propia jaula que has llegado a convertirla en tu casa. No te engañes, ese no es tu verdadero hogar.

Tu hogar está allí donde te conoces, donde sabes quién eres, qué (no) quieres, para qué vales, donde disfrutas, donde rebosas alegría y felicidad, donde tienes paz interior y calma mental, donde te sientes bien, donde te sientes pleno, donde te sientes libre. Liberarte con 30, 40 ó 50 años (después de tanto tiempo perdido, enjaulado, enajenado) no es fácil, pero encontrar tu propio camino resulta tan estimulante que todo esfuerzo merece la pena. Te lo aseguro por experiencia propia: merece MUCHO la pena.

Cuando hablamos de libertad hablamos de liberarte de tus propias cadenas, liberarte de ti mismo. Tu único oponente es tu ego. No somos incapaces, tan solo somos ignorantes, por eso vivimos vidas mediocres. Fruto de tu mediocridad (no como algo peyorativo), te conformas con esa libertad artificial que en realidad es una falsa ilusión de seguridad, maquillada para que no te sientas tan mal. Es lo que la sociedad te ha hecho pensar, tu familia, tus padres, tu educación, las grandes corporaciones. Vives en base a un viejo y caduco sistema de creencias que has aceptado como absolutas certezas. ¿Te imaginas confrontarlo? menuda revolución. Bienvenido a tu (r)evolución, así empieza el cambio.

Si algo no te gusta, no lo cambies: cambia tú. Practiquemos la aceptación. Todo cambio empieza por querer cambiar y tomar la decisión firme de hacerlo, todo empieza por aceptar y a partir de ahí empezar a transformarte para transformar tu vida, siempre de adentro hacia afuera: ese es el verdadero proceso de cambio y transformación.

Quizás esta sea la parte más compleja del viaje: aceptar que tú mismo estás co-creando lo que vives y que con el tiempo son tus pensamientos los que determinan tu realidad.

Tal y como dice Carl Gustav Jung: “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. Vivimos anclados en situaciones y circunstancias que no podemos cambiar, dándonos de cabezazos contra una pared de hormigón, una y otra vez… acepta que ese no es el camino, acepta que quizás ya es hora de asumir que ese bloque de hormigón no se va a caer. Porque (y siento adelantarte el final): no, no se va a caer, lo único que vas a conseguir es que te duela más la cabeza.

No esperes más para desatar tu verdadero potencial

Si admites un consejo de alguien que ha estado en lo más profundo del pozo: no esperes a estar desesperado para moverte, no dejes que la saturación de sufrimiento te mantenga preso. Necesitas conocerte para avanzar, para crecer, para llevar tu vida al siguiente nivel, para aceptar tu parte oscura… para reconocer tus carencias, quitarte la careta y descubrir todas esas luces que te sirvan para iluminar todas tus sombras.

Gracias a tus fortalezas estás donde estás ahora, pero son tus potencialidades (cualidades dormidas, aspectos mejorables y fortalezas potenciales) las que necesitas desarrollar para estar donde quieres estar. Descúbrelas, porque ahí es justamente donde se encuentra tu verdadero potencial, tu billete de ida hacia la libertad.

 

El primer paso para conocerte es querer conocerte. El segundo paso: tomar la decisión de hacerlo.

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El viaje empieza aquí y ahora

De hecho, tu viaje hacia la libertad empezó en el preciso instante en que tomaste la decisión de entrar en este blog para leer este artículo, puede que incluso antes, cuando decidiste empezar a seguirme en instagram, o mucho antes, cuando asumiste tu autoresponsabilidad como cualidad indispensable para evolucionar.

La vida es un proceso de aprendizaje y no existe lección más importante que aprender a usar tu brújula interior.

Esa que te dice adónde ir y que solemos llamar “intuición” pero que como nadie nos ha enseñado a utilizar ni escuchar, no solo no sabemos manejarla y descifrarla sino que por no saber… en mucho casos ni siquiera sabemos que está instalada en nuestro software interno.

Si estás leyendo esto asumo que tienes un teléfono o un ordenador con wifi, así que enhorabuena: formas parte de un 50% de la población mundial con acceso a internet. No desaproveches esta grandísima oportunidad para seguir creciendo, porque el momento histórico que estamos viviendo es único. Y encima eres un afortunado. Es tu momento, es tu responsabilidad.

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