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Nunca discutas con un idiota

Nunca discutas con un idiota

Hace tiempo que me apetecía escribir sobre un tema de actualidad constante, al menos en nuestro país, y con el que seguro que muchos os sentís identificados: los idiotas. Y esa dicotomía entre jefe y líder, o cómo muchas compañías españolas aún se resisten a cambiar su  fórmula empresarial conservadora por un modelo de liderazgo orientado a las personas.

No es que trate de establecer una analogía, que nadie se sienta ofendido… bueno, igual sí. Realmente hay mucho jefe idiota, ¡el mundo necesita líderes!

– Nota importante –

Lectura especialmente recomendada para empresarios y directivos de la vieja escuela.

Y en general, para todo el mundo.

 

El arte de ser idiota

Habitan entre nosotros. En tu clase, en tu trabajo, en el metro, en el congreso de los diputados… están por todas partes. A veces no son fácilmente identificables, otras veces resulta demasiado evidente. El caso es que se ocultan, disimulan, hasta que abren la boca, es entonces cuando no queda ninguna duda: enhorabuena, has dado con un idiota. Según la RAE, “dícese de aquel que padece de idiocia, engreído sin fundamento para ello, tonto, corto de entendimiento, que carece de toda instrucción“. Seguro que conoces alguno.

Ser idiota no es fácil, requiere dedicación, entrenamiento y muchos años de experiencia, un verdadero idiota nunca te reconocerá que lo es. De hecho, pensará que le estás diciendo una idiotez. En fin. Muchos de estos idiotas son los culpables de la crisis en la que actualmente nos encontramos absortos. Un idiota jamás debería asumir ciertas responsabilidades. El poder corrompe cuando no estás preparado para dirigir; sin duda, la educación, la formación y la preparación son cruciales para liderar con éxito.

“Nunca discutas con un idiota o te arrastrará a su nivel y te ganará con su experiencia.”

Hablando de idiotas…

La cultura empresarial española se caracteriza por un sistema de valores muy conservador, con una estructura nada integradora, que eleva a la categoría de dogma la falsa creencia que sostiene que “cuantas más horas trabajas, mejor empleado eres y más rindes” como base de una mentalidad errónea: está comprobado que existe una relación negativa entre horas y productividad. La mentalidad clásica del empresario español no mide el rendimiento o tu valía profesional en términos de productividad, sino en términos de dedicación y horas invertidas. Es bastante lamentable, máxime cuando somos uno de los países europeos con menor índice de rendimiento laboral (siendo España de los países que más horas pasamos dentro de la oficina): según el Informe 2012 Fundación BBVA-Ivie sobre crecimiento y competitividad, España tiene 68,5 puntos en cuanto a productividad por hora trabajada, lejos de Alemania (87,1) y la Eurozona (75,9). Igual no es la fórmula más adecuada.

Parece que los empleados que aguantan estoicamente en este modelo empresarial adolecen el llamado “síndrome del lameculos”, es decir, veneran a su jefe diciéndole exactamente aquello que quieren escuchar en cada momento. Así es como se alimenta a un idiota, y así es como se consigue permanecer por mucho tiempo en este tipo de empresa. Sin embargo, este hábito está cambiando, no sólo por la falta de empleo, sino porque la esperanza de vida empresarial ha bajado; según Oriol Amat, catedrático de economía financiera de la Universidad Pompeu Fabra, la esperanza de vida de las empresas españolas es de 10.3 años, el dato sube hasta los 12.5 años para las empresas europeas. Esto supone un aumento en la rotación y migración de profesionales entre empresas.

Este sistema empresarial practica una política opresiva, con una jerarquía vertical tan aguda que entiende a sus empleados como vasallos (según la RAE: “súbdito de un soberano“) y no como parte de un equipo. La jefatura en este tipo de empresas no estimula una dirección estratégica orientada a resultados, sino que impone una política empresarial “del corto plazo” para salvar el día a día lo que dificulta el diseño de planes de futuro y la implementación de una visión de negocio medio-largoplacista que permita una expansión durante un tiempo indefinido (siendo éste uno de los principales motivos de la alta mortalidad en las compañías españolas). El modelo empresarial más tradicional tiene una profundidad de campo tan reducida que no fomenta la promoción interna o la formación entre sus trabajadores, no entiende que el capital humano suponga el principal activo de un modelo de crecimiento sostenible, e invierten lo menos posible en ellos, confiando en la creencia de que una buena “política de recursos humanos” se traduce sencillamente en regalar una cesta por navidad con un buen jamón ibérico. No señores, así no se estimula al equipo (a veces depende de la marca del jamón).

Se trata de propiciar el trabajo colectivo eficaz y creativo, contribuir a que cada uno alcance sus objetivos y fomentar un mayor desarrollo personal, lo que recae irremediablemente en éxito profesional. Se trata de aplicar el Principio de ganancia: “si tú ganas, todos ganamos“. Un claro ejemplo de esto es Google. Tal y como ya adelantaba Adam Smith, la especialización, la división del trabajo y la interdependencia contribuyen al aumento de la eficiencia.

Jefe vs líder

Jefe VS Líder

Desde hace algunos años aparece la figura del líder: frente al rol de jefe tradicional y conservador que manda a sus empleados (¡hazlo!), aparece el líder que empuja e inspira a su equipo (¡vamos!). Veamos las princicipales diferencias:

1- El jefe dirige, y se rodea de mediocres. El líder guía, y se rodea de los mejores.

2- El jefe dice YO, poniéndose las medallas. El líder dice NOSOTROS, enfatizando la labor del equipo.

3 – El jefe inspira temor, ordena, se basa en la autoridad. El líder genera confianza, coopera, se basa en el respeto y el trabajo en equipo.

4- El jefe enfatiza los problemas, pero no da soluciones: echa culpas y busca culpables, reprimiendo al equipo. El líder soluciona los problemas y arregla los errores: los ve como oportunidades para que el equipo aprenda, los supere y los convierta en ocasiones para crecer.

5- El jefe ordena: suele hacer que crezca el resentimiento, imponiendo tareas y obligaciones. El líder da ideas: promueve y estimula el entusiasmo, mostrando cómo se debe forjar una carrera.

6- El jefe hace que el trabajo sea monótono. El líder hace que sea interesante.

7.- El jefe impone su voluntad por el cargo. El líder integra al equipo: es capaz de que sus empleados le sigan y apoyen sus decisiones con convicción.

En conclusión, el jefe sólo se dedica a dar órdenes, en cambio los verdaderos líderes se involucran con su equipo generando productividad, confianza y eficiencia. El líder hace de la gente ordinaria, gente extraordinaria. La compromete con una misión que le permita la trascendencia y la realización, dando un sentido al trabajo y un porqué de hacer las cosas. Es un arquitecto humano.

Moraleja

Nunca discutas con tu jefe. Si tienes la suerte de sobrevivir a un jefe, tienes muchas posibilidades de convertirte en un líder.

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