No hay límites

No hay límites

Cuando era pequeño solía imaginarme embutido en un traje espacial, me visualizaba a mi mismo pisando algún planeta desconocido en busca de signos de vida en un terreno aparentemente desierto. Supongo que ya de niño era un poco emprendedor, y soñaba con descubrir algo nuevo en un escenario incierto.

Mi vida ha estado llena de obstáculos y dificultades. No siempre disponemos de un traje espacial, muchas veces tenemos que aprender a sobrevivir sin oxígeno. ¿Y eso cómo se hace? básicamente, echándole huevos. El combate se gana cuando dejas de quejarte y asumes el duelo. Cuando desarrollas el espíritu de supervivencia dotas a tu cerebro de una capacidad brutal para afrontar cualquier reto y superar con éxito cualquier desafío. A veces dudas, flaqueas, e incluso te cuestionas, pero eso es parte del duelo: cada golpe te hace más fuerte, dudar asusta pero fortalece. Sin excusas. Aprender a visualizar es clave para esto, la visualización antecede a la consecución de cualquier meta: focalizar un objetivo y pelear, pelear, pelear. “El éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día a día” (R. Collier). La repetición alimenta la perseverancia, y te convierte en un gran luchador.

Con el tiempo asumes que la realidad es un maldito “terreno desierto” que debes conquistar día a día, con trabajo, esfuerzo y mucha disciplina, y que para sobrevivir debes asumir riesgos, tomar decisiones, aceptar sacrificios y, por supuesto, ser valiente. Conquistar nuestros miedos es el mayor acto de valor. La valentía no es una opción, es una decisión responsable contigo mismo. Tú decides de qué tamaño quieres que sean tus conquistas, de nada sirve pelear sin cabeza: el tamaño de tus logros será directamente proporcional al tamaño de tus pensamientos. Piensa en grande y harás cosas grandes, siempre en positivo. Y hagas lo que hagas hazlo sin miedo y con pasión, haz que merezca la pena, los buenos resultados dependen en gran parte de la motivación.

Veinte años después, pisando con los pies en suelo terrícola pero conservando las mismas inquietudes de aquel niño curioso e inocente, he comprendido que tu mayor éxito no es comprarte un cochazo o encontrar el amor de tu vida, sino llegar a ser la mejor versión de ti mismo. Quizás tu mejor “yo” necesite un traje espacial, o simplemente aprender a respirar. Con actitud, no hay límites.

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