#MenúEmprendedor

Basado en hechos reales

Con esta entrada inicio una serie de publicaciones relacionadas con el apasionante mundo del emprendimiento, o cómo complicarte la vida siendo feliz con ello. No me considero ningún experto en la materia, tan solo un humilde emprendedor en ciernes con un histórico de cagadas que me han hecho tener bastante claro qué es lo que NO debes hacer para hacer bien las cosas. Empezamos.

Te hablaré desde mi propia experiencia y compartiré contigo mis nuevos tropiezos, para evitar que cometas los errores más comunes del emprendedor… o para que, en caso de que no sea así, al menos lo hagas con estilo.

– Aviso antes de seguir leyendo –

Si eres de ese tipo de personas que piensa que ya está todo inventado, que el contrato indefinido es una bendición divina o que repites cada día la frase “¡ojalá me toque la lotería para dejar de trabajar!”: lo siento, te has equivocado de sitio. No sigas leyendo.

– Fin del aviso –

Aperitivo: ¿cocinamos un negocio?

El emprendimiento es como la cocina: debes manejar los ingredientes exactos en su justa medida, con las proporciones adecuadas de talento y experiencia, siguiendo paso a paso la receta para tener éxito. Siempre con cariño, y mejor a fuego lento. Si lo haces bien y tienes paciencia, el resultado te dejará con un buen sabor de boca.

¿Qué? ¿qué no eres demasiado cocinitas? Tranquilo, un 50% de mi alimentación se basa en los tuppers de mi abuela. No es coña. Lo importante es comprender que emprender no es una elección sino una actitud, un estilo de vida. Hay otros argumentos que te pueden llevar a incursionar en el mundo de los negocios, pero las estadísticas revelan que la mayoría acaban en fracaso.

Seguro que cuando de pequeñ@ te preguntaron en el colegio sobre qué querías ser de mayor no respondiste “quiero ser emprendedor”. Probablemente te hubieran castigado contra la pared por no querer ser médico, abogado o funcionario. Y después, el consiguiente disgusto de tus padres: “Tú lo que tienes que hacer es dejarte de tonterías y buscar un trabajo estable”. Nuestro sistema educativo nos prepara como robots para reproducir una vida mecánica plagada de estereotipos, convencionalismos y clichés repetidos de manera automática de generación en generación. Estamos programados para trabajar por cuenta ajena, casarnos con la mujer/hombre de nuestros sueños, comprarnos un coche que pagaremos en “cómodas mensualidades” e hipotecarnos con un precioso apartamento en el centro, o quizás con un lujoso chalet a las afueras, da igual, el caso es que no recibimos educación financiera: somos educados para ser “trabajo-dependientes” engordando las arcas de alguien probablemente más “listo” que nosotros… ¿o no?

Dedica unos minutos y visualiza el siguiente vídeo, no tiene desperdicio. Lección magistral de un niño de 13 años.

“If you’re not prepared to be wrong, you’ll never come up with anything original.”

Lo sé, a veces no queda otra, y a no ser que hayas heredado la fortuna millonaria de tu abuelo… emprender requiere un esfuerzo titánico. Pero tan sólo precisas de una dosis extra de paciencia, y de la medida equilibrada del resto de ingredientes que conforman el menú diario del emprendedor (ración recomendada para una persona):

[box type=”download”] Emprendedor = (A)ctitud + (D)isciplina + (T)rabajo + (P)asión + (P)erseverancia + (V)alentía + (M)otivación + (O)bjetivos [/box]

El auténtico emprendedor es un luchador nato, un rebelde con causa que asume el riesgo de perderlo todo construyendo de la nada, y que muchas veces nada a contracorriente en defensa de una idea, de un proyecto por el que daría su vida. Suena épico, pero es así. Admito que a veces me pongo un poco sentimental.

Receta 1: “Mi idea mola mucho”

Receta 01

Ingredientes

 – 1 idea molona

– Dinero

– Poca experiencia

Business Plan

Elaboración

Imagina que tienes dinero y se te ocurre una idea molona, de esas que ves en la teletienda de madrugada tumbado en el sofá con la manta de Ikea, y piensas: “¿por qué no se me habrá ocurrido a mí?”. Esa misma. Claro, la idea es tan genial que se te ocurre emprenderla… pero tienes cero experiencia, es la primera vez que decides poner en marcha una idea de negocio y ni tan siquiera pasa por tu mente hacer un estudio previo para verificar su viabilidad. ¿Para que vas a hacer un plan de negocio, un balance de cuentas, etc.? ¿para qué, verdad? pues eso, cegado por tu brillante idea decides tirarte a la piscina, sin agua, sin maguitos y desde un quinto piso. Lo siguiente ya te lo imaginas.

Consejo

Una idea original no tiene por qué ser una oportunidad de negocio. Existen miles de buenas ideas sin aplicación práctica en el mercado, o que simplemente ahora no disponen del contexto adecuado. Una idea no es un producto, un servicio o una empresa. Lo que realmente marca la diferencia o determina el éxito/fracaso de una idea innovadora, no es tanto la idea en sí misma como su ejecución: cómo llevarla a cabo puede convertir la misma idea en dos proyectos radicalmente distintos.

Conozco casos que han invertido millones de euros sin conocer su modelo de negocio y sin percibir ni un sólo euro a cambio. A veces funciona, pero asumes un enorme riesgo y el rendimiento suele ser pésimo. Tener una buena idea es fácil, todos tenemos buenas ideas, pero lo que verdaderamente importa son variables tales como el mercado, la competencia, el target, la situación socio-económica, etc. así que ya sabes, si tienes una buena idea, analiza antes todas las variables y cuida mucho la forma en que decidas llevarla a cabo. Y no te olvides de asesorarte por profesionales expertos en aquello que precises.

Por supuesto, si fallas no decaigas. Piensa que al menos si haces esto, si inviertes en una idea molona sin proyección, la habrás cagado… sí, para qué nos vamos a engañar. Pero con estilo. No olvides nunca que al menos tu idea molaba… ¡tú sí que molas!

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1 comentario
  1. Daniel Claros
    Daniel Claros Dice:

    Enhorabuena crack,

    “Estamos programados para trabajar por cuenta ajena, casarnos con la mujer/hombre de nuestros sueños, comprarnos un coche que pagaremos en “cómodas mensualidades” e hipotecarnos con un precioso apartamento en el centro, o quizás con un lujoso chalet a las afueras, da igual, el caso es que no recibimos educación financiera: somos educados para ser “trabajo-dependientes” engordando las arcas de alguien probablemente más “listo” que nosotros… ”

    No podría estar más de acuerdo!

    http://www.danielclaros.com

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